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Los escritos de Filipenses

¿Cuándo te sientes más feliz? ¿Es cuando recibes un buen regalo de alguien? ¿Tal vez cuando disfrutas de una celebración o de una comida con la familia y los amigos? Quizá cuando te va bien económicamente y puedes comprar algo nuevo. Todas estas son cosas buenas y deben disfrutarse. Pero ¿qué pasa cuando alguien te roba? ¿O cuando estás separado de tu familia y tus amigos? ¿O cuando no tienes dinero en absoluto, ni siquiera lo suficiente para comprar comida para ti o para tu familia? O peor aún, ¿y si estuvieras encarcelado y enfrentando la muerte? ¡¿Serías feliz entonces? 

Pablo está viviendo en condiciones duras. Está encerrado en una prisión romana, preguntándose cada día si será ejecutado. Sabe que hay muchos cristianos viviendo en circunstancias difíciles. Pero para Pablo, las condiciones duras no cambian su gozo ni su fe. Estas pruebas no le impiden vivir plenamente para Dios. Pablo sabe que ha descubierto un secreto. Ha aprendido algo que muchos no saben. Pablo descubrió el secreto de vivir una vida gozosa y agradecida en toda situación, un descubrimiento que la gente ha buscado por miles de años y que todavía busca hoy. Es un secreto que debe compartirse. Así que se sienta a escribir una carta. 

La iglesia en Filipos quizá fue la primera iglesia que Pablo inició. La gente de allí era de sus mejores amigos en el mundo. Al enterarse de que estaba en prisión, enviaron a uno de los miembros de la iglesia a Roma con un regalo para Pablo, para ayudarle en la cárcel. Pablo estaba muy agradecido por su sacrificio, pero no quería que malinterpretaran su situación. Él no estaba deprimido. No estaba necesitado. Así que les envió esta carta para darles las gracias, pero también para enseñarles. ¿Cómo dices “gracias” por un regalo y, al mismo tiempo, enseñas a la gente que no necesitas nada? ¿Cómo responderían los amigos de Pablo a su carta? ¿Se ofenderían? Al sentarse a escribir, Pablo decide ser lo más honesto posible, usando su situación para enseñarles acerca de estar contentos en el Señor. Escribe cómo estar contento cambia todo en la manera de vivir. Ya no murmuras ni discutes. Persigues a Cristo y su ejemplo. Pones a los demás primero. Oras con gratitud. Todo esto sucede porque no necesitas nada, porque tienes a Jesús. Como Pablo había descubierto, vivir así agrada a Dios y trae gozo. 

Imagina a un grupo de cristianos reunidos en una casa, abriendo esta carta con ganas de leer lo que Pablo les había escrito. Qué alivio y alegría debieron sentir al saber que su amigo en la cárcel aún vivía. Qué asombro debieron experimentar al ver que Pablo, aunque perseguido y enfrentando la muerte, parecía más feliz y más contento que ellos. La carta de Pablo es muy personal. Podemos asomarnos a una correspondencia privada. Pero Dios la hizo pública para que toda la iglesia descubra el verdadero gozo y la verdadera felicidad, sin importar la situación de la vida que estés enfrentando.