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Los escritos de Nehemías

Nehemías vivió en una época en la que los israelitas se habían apartado de Dios y vivían cautivos lejos de Jerusalén.  Su ciudad y su templo habían sido destruidos.  Isaías había profetizado que el pueblo de Dios se apartaría y que, si lo hacía, seguiría una gran destrucción, pero no escucharon. Comenzaron a adorar ídolos y sus corazones no estaban entregados a Dios. Como resultado, lo que Isaías profetizó se cumplió. La destrucción llegó por toda la ciudad de Jerusalén. Las casas fueron derribadas, los comercios incendiados, y el templo de Dios y el muro de la ciudad fueron derribados. La ciudad que antes era fuerte se convirtió en un montón de escombros.  Pasaron los años y, tal como Dios lo había prometido, los israelitas finalmente fueron liberados de la cautividad. Algunos de ellos se reunieron y comenzaron a reconstruir el templo, con la ayuda de un líder llamado Esdras. Unas cuantas décadas después de esto, comenzó la historia de Nehemías. 

A Nehemías le dolía el corazón por su ciudad. Aunque el templo había sido reconstruido, el muro —lo que protegía a la ciudad— seguía en ruinas.  Recordó los escritos de Moisés, que decían que si el pueblo de Dios era infiel, Él lo dispersaría, pero si volvía a Dios, Él lo restauraría y lo traería de regreso a la tierra que había escogido. Nehemías se arrepintió en nombre del pueblo y pidió a Dios que trajera restauración. 

Dios respondió esa oración y le dio a Nehemías una tarea importante. Dios puso a Nehemías en la misión de reconstruir el muro. Nehemías habría escuchado las historias de los milagros que Dios había hecho por el pueblo de Israel en el pasado, y tal vez al principio pensó que Dios haría algo milagroso otra vez. Dios estaba tejiendo una historia milagrosa, pero esta historia iba a requerir mucho trabajo duro y planificación de parte de Nehemías y los israelitas.  Dios estaba obrando a favor de ellos, ayudándoles a hallar favor y protegiéndoles, pero también les estaba llamando al esfuerzo y al trabajo. Nehemías se convirtió en un gran líder. No solo planificó, organizó y dirigió al pueblo; trabajó hombro a hombro con ellos con gran determinación para terminar el proyecto que comenzaron.

Esta historia es una historia muy espiritual acerca de un acontecimiento muy natural.  Construir muros era algo que todas las naciones hacían.  Sin embargo, Nehemías e Israel construyeron el muro con la ayuda de Dios.  No fue un camino fácil. A algunas personas no les gustó que Nehemías estuviera reconstruyendo el muro.  Nehemías estaba haciendo la obra de Dios y enfrentó desafíos de oposición espiritual.  La historia es una batalla de autoridad.  Es una batalla de fe.  Es una historia de sabiduría, porque Nehemías siguió ajustando su plan conforme la oposición se levantaba contra él.  Es una historia de perseverancia, porque Nehemías nunca se rindió. 

Dios orquestó la obra que Nehemías estaba haciendo en el muro para señalar la obra futura que Dios planeaba hacer por medio de Jesucristo. Dios usó a Nehemías, cuyo nombre significa “consolador del Señor”, como un instrumento para traer restauración a Jerusalén y volver a unir lo que antes estaba roto.  La historia de Nehemías es más que un hombre guiando a un pueblo para reparar un muro.  Es una historia que retrata la obra de Jesús.